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El carbón se apaga en el norte. El cable no llega.
ENGIE dejó de quemar carbón en Chile el 1 de enero. El Coordinador advierte precios más altos cuando falte térmica y sobren solares al mediodía. Kimal–Lo Aguirre, el HVDC que debía unir el desierto con Santiago, sigue siendo una fecha.

Torres de alta tensión cruzando estribaciones andinas al atardecer, cielo azul profundo.
El 1 de enero de 2026 ENGIE dejó de producir electricidad a carbón en Chile. Central Andina y el resto de su parque térmico a carbón salieron de servicio. Era el último anuncio de una ronda de cierres que empezó con un acuerdo político en 2019: Chile no construye más carbón y apaga el que tiene, en etapas, hacia 2040. Una parte se adelantó. El sistema no se adelantó con ella.
El Coordinador Eléctrico Nacional viene diciendo, con la sequedad que corresponde a un operador, que un retiro térmico sin reemplazo firme y sin transmisión nueva empuja el costo marginal en la costa y en el peak. El norte tiene sol de sobra al mediodía y un déficit de energía al atardecer. Santiago consume de noche. Entre los dos hay 1.500 kilómetros y un sistema de 500 kV que ya no da abasto.
El vertimiento ya no es una anécdota
Cada primavera el Norte Grande tira a la basura energía solar que no puede inyectar. Se llama vertimiento. En 2022 era una curiosidad de operadores. En 2025 era un renglón. En 2026 es un costo de capital: ningún banco financia un parque si una de cada cinco horas de sol no se cobra. La respuesta no es más paneles. Es más cable, más almacenamiento y, mientras tanto, más gas.
Kimal–Lo Aguirre, la línea de corriente continua que debe cruzar el país de norte a centro, es el proyecto de transmisión más importante de la década. También es el más lento. Cada trimestre de atraso es un trimestre de precios altos al peak y de precios cero al mediodía. Esa volatilidad no aparece en el discurso de la descarbonización. Aparece en la boleta de la minera y en el contrato de la distribuidora.
Chile no tiene un problema de generación renovable. Tiene un problema de hora y de kilometraje. El sol está a mil quinientos kilómetros del peak de las 21:00.
El retiro del carbón era la parte fácil: una foto, una fecha, un compromiso internacional. La parte difícil es operar un sistema eléctrico largo y flaco, con hidrología del sur cada vez más nerviosa, con un norte solar que no almacena y con una demanda minera que no se muda a las 13:00. Mientras el cable no llegue, la transición chilena va a seguir midiendo su éxito en megavatios instalados y su fracaso en dólares por megavatio-hora a las nueve de la noche.
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