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El cobre está a 14.500 dólares. Chile produce como si el precio no importara.
Codelco abandonó la meta de 1,34 millones de toneladas. El país cerró 2025 con 5,42 millones —la tercera cifra más baja de la década— y el primer cuatrimestre de 2026 arranca 8% abajo. El metal nunca había valido tanto. La mina, cada vez menos.

Rajo abierto de cobre en el norte de Chile: terrazas de óxido, polvo y camiones de extracción.
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El viernes el cobre a tres meses en la LME cambió de manos sobre los 14.250 dólares la tonelada. En efectivo rozó los 14.500, un récord. El metal sube 14% en el año. Codelco, en abril, todavía hablaba de producir 1,34 millones de toneladas en 2026. Esa cifra ya no está en la mesa.
Chile elaboró 5.415.271 toneladas en 2025, 1,6% menos que el año anterior. Es la tercera producción más baja de la década. En los primeros cuatro meses de 2026 el recorte se profundizó: 1.613.900 toneladas, 8% menos que el mismo tramo de 2025. El precio grita escasez. El yacimiento responde con leyes más pobres, agua más cara y un Estado que cobra royalty sobre un volumen que no crece.
Una minera privada ya produce más que las siete divisiones de Codelco
En 2025, Escondida, de BHP, elaboró 1.345.132 toneladas. Las siete divisiones de Codelco, sumadas, quedaron 11 toneladas abajo. Nunca había ocurrido. La estatal, contando sus participaciones en El Abra, Anglo American Sur y Quebrada Blanca, llega a 1,44 millones. El dato importa menos que la dirección: Codelco lleva años prometiendo recuperar el millón trescientos mil de producción propia y años entregando menos.
Junio de 2026, el último mes con desglose de Cochilco, muestra el mismo corte. Escondida saltó 45,8% interanual. Codelco cayó 4,8%, hasta 114.400 toneladas. Un mes no hace tendencia. Doce años de leyes decrecientes, sí.
El precio récord no es un premio. Es el mercado diciendo que el metal no está saliendo al ritmo de la demanda eléctrica. Chile está del lado de la oferta que no aparece.
El rajo más grande no es el problema. El problema es el mineral que queda.
Chuquicamata, El Teniente, Andina y Salvador son yacimientos viejos. La ley de cobre —el porcentaje de metal en cada tonelada de roca— cae desde los años noventa. Para mantener el mismo cátodo hay que mover más lastre, gastar más diésel, más agua, más energía. El Teniente empuja un nivel nuevo bajo tierra. Chuquicamata transita del rajo a la mina subterránea. Ninguno de los dos proyectos ha entregado, a tiempo, el tonelaje que se puso en el Excel de 2018.
En el sector privado el cuadro es menos uniforme. Collahuasi y Quebrada Blanca 2 aportan. Los Pelambres tuvo un primer cuatrimestre flojo. Escondida, después de un 2025 fuerte, retrocedió 13% entre enero y abril —412 mil toneladas contra 472 mil— y rebotó en junio. La concentración es el riesgo silencioso: dos operadores, BHP y Codelco, explican la mitad del cobre chileno. Si uno tose, el país entra en recesión minera sin que Santiago lo nombre.
El Fisco cobra sobre un volumen que no vuelve
Codelco informó 272 mil toneladas de producción propia en el primer trimestre y US$ 1.778 millones de aportes al Fisco en 2025. El royalty ad valorem, vigente desde 2024, está calibrado para un ciclo de precios altos. El ciclo llegó. El volumen, no. Un Estado que grava la renta minera y al mismo tiempo es dueño del productor más grande del mundo tiene un conflicto de incentivos que no se resuelve con un presidente ejecutivo nuevo.
Nada de esto es un secreto en Calama ni en las mesas de Londres. Lo que cambió en 2026 es el spread: el precio dice escasez estructural —data centers, redes, vehículos, la red eléctrica que hay que duplicar— y Chile, que todavía es el primer productor mundial, se comporta como un yacimiento maduro que administra la declinación. El cobre caro no va a traer, por sí solo, las 400 mil toneladas que el país perdió en una década. Esas toneladas se construyen. Tardan. Y hoy no están en construcción al ritmo del precio.
Fin de la nota · Calama — Santiago


