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La transición eléctrica del norte todavía corre sobre diésel.
Camiones de 400 toneladas, trenes de caña, calderas y una red que no siempre llega a la faena. Los PPA solares cubren el concentrador. No cubren el rajo a las 3 de la mañana.

Planta concentradora de cobre de noche en el Atacama, galerías iluminadas y un camión en el chancador.
La minería chilena compra energía renovable con una disciplina que el resto de la economía no tiene. Contratos a 15 años, parques en el Desierto de Atacama, anuncios de faena carbon neutral en 2030 o 2035. El concentrador, que es un motor eléctrico enorme, sí puede correr con el sol de mediodía y con el viento de la tarde. El camión de extracción, no.
Un Komatsu 980E lleva 400 toneladas. En la mayoría de los rajos del norte sigue quemando diésel. Hay trolley en algunas rampas, hay pilotos de camiones a batería, hay hidrógeno en PowerPoint. El turno de las 3 de la mañana se hace, hoy, con estanque. Electrificar la extracción es el proyecto industrial más caro que las mineras tienen por delante, más caro que la desaladora, más caro que el royalty. Nadie lo pone en la primera lámina.
Codelco y BHP van a publicar, otra vez, la baja de intensidad de carbono por tonelada de cobre. Va a ser verdad para el scope 2. El scope 1 —el estanque— se mueve más lento que el precio del metal. Mientras el diésel sea el que mueve la roca, la transición minera del norte va a ser una transición del patio eléctrico, no de la faena.
Fin de la nota · Sierra Gorda — Escondida


